JULIO
En este mes nos metíamos de lleno con la recogida de la hierba, aquí reproduzco el saluda que escribí en el programa de S.Antonio del año 2010, por lo cual puedo repetirme en labores que ya cité en meses anteriores. Comenzaba esta labor con el abonado desde Noviembre a Marzo encaminado a mejorar la cosecha, una vez acabado el otoño de los prados por el ganado. Se realizaba con estiércol de las vacas y en menor medida de las ovejas, se llevaba a cabo con el carro de las vacas y desde el abonal al prado o huerta distribuyéndolo en pequeños montones para ser esparcidos con la horca de la mejor manera posible, siempre que la nieve o mejor dicho la falta de ella lo permitía y así hasta febrero inclusive.
A primeros de marzo se deshacía con una rastra de espinos concretamente el mejor ejemplar de rosal silvestre cavado entero y de raíz para que no se deshiciera. También se hacía esta labor con un rastrón de madera y en ambos casos arrastrados por la pareja de vacas, quedando los prados arreglados hasta la siega. Se comenzaba la misma a últimos de junio con el trébol y la alfalfa primero, para seguir con la hierba y así hasta Santiago (25 de julio) aproximadamente.
Para llevar a cabo el acarreo había que armar el carro que se componía de los travesales o estadonjos, uno adelante y otro atrás, donde sujetaban los armantes; después los citados armantes que se construían con dos espigos en los cuales se insertaban dos tablas de varios metros llamadas latillas de madera de haya, la de arriba más larga que la de abajo por delante, la cual llevaba unos agujeros para pasar un cordel dando la vuelta a la vara del carro y al armante del otro lado y así de un lado al otro hasta llegar adelante, donde se unían con una vara ambos armantes, hacia atrás las latillas sobresalían las dos al mismo nivel al igual que el armazón trasero llamado rabera.
La siega se hacía a guadaña, trabajo exclusivo de hombres, puesto que a Vegamián no llegaron las máquinas por lo tanto al amanecer se cogía al hombro la guadaña, con el pico hacia arriba, y los hierros para picarla o cabruñarla, el “gachapo” y un poco de agua con la piedra de afilar al cinto y al prao. Se segaba por la mañana y al día siguiente al mediodia, con la colaboración del resto de la familia, se daban vuelta a los marallos con un horcón de madera para por la tarde, y si el tiempo era favorable, recogerla con horcas de hierro de dos o tres puntas, haciendo uno o más marallos grandes para posteriormente cargarla en el carro, una persona con horca de mango largo abajo, otra en el carro colocándola y otra o más con el rastro atropando lo que no cogía la horca.
Una vez el carro estaba cargado se ataba la soga a la vara y se tiraba por encima hacia atrás una por cada lado de la carga atándola al travesal trasero de la armadura, a continuación se peinaba el carro para no perder hierba por el camino y que quedara bonito. Finalmente se llevaba a casa con el mayor cuidado posible pues el carro cargado entornaba con facilidad. Ya en casa se procedía a meterla en el pajar o tenada, una persona en el carro, otra en el boquero o ventana y otra o más para atrás para repartirla, y así un día tras otro hasta terminar, siendo el último carro en recoger motivo de regocijo al cual los más jóvenes, ( los mayores pasaban de esto ), le poníamos una rama en todo lo alto.
Servía la hierba acumulada para alimentar el ganado vacuno en el invierno y un poco para las ovejas.
Riego por aquí riego por allá a cualquier hora del día o de la noche, o sea cuando tocaba pues si se pasaba la vez había problemas.
Este mes y el de agosto los Domingos nos bañábamos los mozos en el pozo de la Isla ¡desnudos! como los indios motilones , era ésta una costumbre ancestral a la que nadie daba la menor importancia, el lugar era discreto el Soto La Isla, alejado de caminos, hasta que un día por algún aviso tal vez, nos “cazo la Guardia Civil” a un grupo de jóvenes, resultado: un juicio de faltas, en adelante a comprarse bañador o simplemente en calzoncillos.
Las mozas se bañaban en el Soto la Vega en un pozo menos hondo que el de la Isla, allí lo único que hacían era chapotear, pero vestidas con un camisón y no precisamente corto, no había bañadores ni mucho menos bikinis.
JESUS GARCIA